11 de mayo de 2011

Aprender de los demás



¿Cuál es el reto de una página en blanco? Podría ser rellenar la página con aquello que a otros les pueda interesar. Entonces estaríamos rozando el periodismo. Pero pocos blogs he leído que persigan ser periodísticos. La mayoría de los blogs suelen ser reflexiones personales de introspección. ¡Y me parece muy bien! Creo en el valor terapéutico de la escritura. Llegado a estas alturas comprendo que los que intentan seguir mi nueva entrada digan; “mejor leo la siguiente”. Es el riesgo de tanta introspección.
Pero quizás los avatares y las experiencias del que escribe pueden servir de algo a alguien. Me niego a aceptar el dicho tan conocido de que nadie escarmienta en cabeza ajena. Se puede aprender, y se debe aprender de los errores de los demás, pero, aún es más eficaz aprender de los aciertos de los demás. San Pablo decía, “examinadlo todo y retened lo bueno”.
Y éste es el tema de la nueva entrada; ¿estoy capacitado para aprender de los demás? Si echo la vista atrás yo soy un vivo ejemplo del dichoso refrán. ¡Cuantas tortas me he dado aun cuando me habían advertido, aun habiendo observado las nefastas consecuencias en otros!. ¿Qué nos hace ser tan obstinados como para cometer los mismos errores de los demás? ¿Qué nos impide aprender de los demás? La palabra es tan obvia y, al mismo tiempo, tan dolorosa de admitir: se trata del ORGULLO.
Pensamos que lo que a fulanito le pasó a mí no me pasaría. Lo de menganito es fruto de su propia necedad, su inconstancia, su falta de cordura, su ingenuidad, etc., etc. Y cuando nosotros caemos en el mismo error, cuando comentemos la misma torpeza, nuestra primera reacción es siempre igual: “la culpa es de los demás”. El error no es mío. Yo soy la víctima. Yo soy la persona agraviada. La auto compasión es tanto orgullo como lo es la auto complacencia. El orgullo es sin duda el principal problema del ser humano. Quiebra el orgullo y comenzarás a caminar en sabiduría.
Muchas veces no somos conscientes de cómo el orgullo afecta nuestras relaciones, de forma especial la relación con las personas que más amamos. Una frase de la persona amada interpretada con el tinte de tu propio orgullo termina pareciendo una ofensa. A una falsa ofensa se levanta una replica de amargura y finalmente termina siendo una pelea dialéctica en la que terminas emocionalmente dañado. Hablando en plata, que tu orgullo termina levantando una bronca en casa donde se despiertan un sinfín de fantasmas que cuesta una ingente energía eliminar después. He visto estos patrones en mi familia muchas veces. He visto estas actitudes en mi entorno. Hasta he mediado con consejos para otros, y sin embargo, vuelvo a caer en la trampa de mi orgullo en mi trato con las personas que amo.
Termino esta entrada con la solemne promesa de declarar una lucha sin cuartel a mi propio orgullo.
Gracias por estar ahí, y Dios os bendiga.

1 comentario:

  1. Gracias por cada una de tus entradas. No sólo te sirven a ti como medio terapeutico, sino también a tus lectores, entre ellos yo... :)

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