Un año más hemos acabado nuestros días de campamento en El Bosque, Sierra de Grazalema, Cádiz. En la reunión de despedida me senté cerca de la ventana de la cabaña y pude ver el farol que aparece en la foto. Aquella imagen me confirmó que había vivido cuatro días en Narnia.
Cuando Lucy, la protagonista de la primera entrega de la saga Narnia en el cine, se pierde en el armario y termina aterrizando en Narnia lo hace cerca de un farol en medio de un invierno sin fin.
Evidentemente, no nos hemos encontrado con un invierno en El Bosque, pero si con abundancia de lluvia como corresponde a uno de los lugares de más precipitaciones del país. Ha caído tanta agua, que anoche antes de ir a dormir y en la puerta de la cabaña, una rana saltó sobre los pies de mi amiga y la hizo saltar junto a mi esposa.
¿Qué me lleva a pensar que he pasado cuatro días en Narnia, si descartamos el mal tiempo? Para poder responder a esa pregunta es necesario definir lo que para mí significa Narnia, y posiblemente, la definición ya conteste la pregunta.
Narnia es en la definición de su autor CS Lewis el reino del "León no domesticado"- Aslan. Siempre me ha encantado esa expresión, “un León no domesticado”. Nadie le dice al León qué debe hacer, qué tiene que decir, es un animal parlante que sustenta su autoridad sólo con el poder de su Palabra. No conozco una figura más sencilla y a la vez más elocuente para presentar al León de la tribu de Judá, que no es otro que Jesucristo, Dios hecho hombre. Sostengo que he pasado cuatro días en Narnia porque me he sentido durante cuatro días como si estuviera en la presencia de Aslan.
Subir a la montaña, mientras que en Sevilla todo el mundo se disponía a disfrutar del folklore pseudo religioso de las cofradías, no deja de ser como meterse en un armario para salir a otro mundo. Un mundo en el que durante cuatro días veintitantas personas de edades entre nueve y ochentitres años han convivido estrechamente en un ambiente cerrado y con el agravante de un tiempo lluvioso sin par.
En los cuatro días no he oído una queja, ni una mala palabra entre los asistentes, ni una salida de tono, ni un mal gesto; todo lo contrario; cada cual ha procurado hacerle la vida agradable y placentera al otro; en una palabra: harmonía.
Yo no creo en la bondad del hombre, sólo creo en el amor de Dios, y cuando en un grupo tan dispar, durante cuatro días, se crea un ambiente tan lleno de gozo, paz y bondad; yo no puedo achacar ese hecho a lo buena gente que somos, sino a los pequeños milagros cotidianos de un Dios que vive en el corazón de quien cree en Él.
Yo no he visto con mis ojos al León allí en la montaña, pero sé que Aslan estuvo allí con nosotros. Cada uno de los que estuvieron allí conmigo me mostró algo del León para mi vida. Soy ahora más narniano que nunca.
A todos gracias por estar ahí, y Dios os bendiga.

Al estar ojeando el nuevo album de foto que has subido al facebook y me encontré con esta belleza de instantanea, en seguida he pensado en Narnia.
ResponderEliminarDesde este lado del Armario os hemos recordado habiendo querido estar con vosotros. Otra vez será, si Dios quiere.
Gracias
:)
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